jueves, 30 de octubre de 2014

EL TRATADO TTIP, UNA RENDICIÓN DE LOS GOBIERNOS ANTE LAS MULTINACIONALES (2ª parte)



Nos dicen que que los miembros de la Unión Europea firmaron los principios del TTIP, pero la pregunta es ¿quién los redactó? No hay respuesta; no existe la lista de redactores. Sin embargo, hablan de las bondades del tratado. Un grupo de investigadores calcula en 120 billones de euros al año (aproximadamente 505 euros al año para cada familia europea) el beneficio que aportara el acuerdo gracias al descenso de precios que provocará. Obviamente, los autores del informe son un Think Tank financiado por la banca, aunque son sinceros cuando dicen que esta es la hipótesis más optimista, y que estos resultados se verán hacia el 2027.

Así es que como nos quieren vender la moto, pero la ventaja que tenemos es que conocemos los resultados que han traído acuerdos similares firmados anteriormente. Al principio, empezaron llamando TAFTA al TTIP, pero pronto cambiaron de nombre porque recordaba demasiado a NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte), y la gente no tiene muy buen recuerdo de él, ya que, entre otras cosas, como consecuencia del mencionado acuerdo 2 millones de campesinos y campesinas mejicanas y 28.000 pequeños comercios quebraron ante la imposibilidad de competir con los Estados Unidos. Se calcula, a su vez, que en Estados Unidos se perdieron 682.900 puestos de trabajo debido a este acuerdo.

Otro acuerdo similar a éste es el acuerdo entre Corea y los Estados Unidos de América. Obama dijo que este tratado incrementaría las exportaciones en 10 billones de dólares, y, sin embargo, se redujeron en 3,5 billones. Dijo que se crearían 70.000 nuevos puestos de trabajo y se perdieron 40.000. Lo único que se consigue con estos tratados es concentrar aún más el poder en manos de estas corporaciones transnacionales.

Pero eso no es todo. Lo que la gente más teme del TTIP es la creación del ISDS (Investors to State Dispute Settlements, Tribunal para las disputas de Inversor a Estado). Este tribunal privado ofrece la oportunidad a los inversores para que demanden a un gobierno si creen que sus beneficios (presentes o futuros) han disminuidos debido a la legislación o regulación que dicho gobierno ha aprobado.

Para empezar, las costas de estos juicios son enormes (8 millones de euros de media), a lo que hay que sumar las indemnizaciones que el estado deberá abonar a las transnacionales cuando llegue la sentencia (Ecuador tuvo que pagar 1,1 billones de dólares a Occidental Petrolium por la prohibición de extraer petróleo en un área protegida; una central nuclear sueca ha llevado a juicio a Alemania y solicita 4,2 billones de dólares en caso de tener que detener su producción). Pero es que además, el ISDS trabaja en una única dirección, es decir, es el inversor el que puede llevar a juicio al estado, no al revés. Se protege a las transnacionales, no a los ciudadanos.

Hoy por hoy se dice que en el mundo hay en marcha 560 juicios de este tipo, aunque seguramente haya más. Tampoco sabemos cuáles son las cantidades que se demandan, ya que esa información suele ser secreta. En cualquier caso, lo que queda manifiesto es que estos juicios limitan mucho las regulaciones, ya que una vez que un estado se ve obligado a pagar semejantes cantidades, se lo pensará dos o diez veces antes de volver a promulgar una nueva regulación.

Protección para las industrias, riesgo para las personas

La normativa que se busca armonizar mediante el TTIP, es muy distinta en Estados Unidos y en Europa. En los Estados Unidos de América apenas existe regulación para los servicios y los productos. Todo es comerciable hasta que se pruebe científicamente que es perjudicial. La responsabilidad no recae en la empresa productora, sino en la persona consumidora. Es la consumidora la que debe probar que el producto o servicio es peligroso, para que se prohíba su comercialización en el mercado.

En Europa es justo lo contrario. Es el productor el que debe demostrar que su producto o servicio no es perjudicial para poder comercializarlo. Si existe alguna sospecha el producto o servicio no se podrá comercializar. Por este motivo, muchos productos químicos autorizados en Estados Unidos, no se pueden comercializar en Europa, los transgénicos que se utilizan sin restricciones en Estados Unidos están limitados en Europa... Si se firma este tratado, además de poner en riesgo nuestra salud, todas y todos los pequeños agricultores europeos desaparecerán ante la imposibilidad de competir con una agricultura industrial super-subvencionada en Estados Unidos.

El caso del fracking es clarificador. Como sabéis en el fracking para extraer el gas se utilizan múltiples productos químicos en el subsuelo. Estos productos químicos pueden contaminar los acuíferos subterráneos. ¿Qué hizo Bush? Excluyó a las compañias que se dedicaban al fracking de la normativa para garantizar la calidad del agua potable, es decir, posibilitó a las compañías la utilización de cualquier producto químico, aunque sean contaminantes. Si se contaminan los manantiales, deberán ser las personas perjudicadas las que tengan que demostrar científicamente que esa contaminación es debida al Fracking. Es decir, Bush aumenta la protección a la industria, poniendo en mayor riesgo a las personas, y esto preocupa mucho a la gente.

Con este tratado la Comisión Europea y las corporaciones transnacionales europeas quieren eliminar las normativas que protegen a las personas, pero la ciudadanía no. Las organizaciones sociales y los sindicatos han comenzado a movilizarse y la Comisión Europea se ha dado cuenta de que se va a encontrar con resistencias.

Hace dos años, descubrí por casualidad un informe técnico, Regulatory Cooperation (Colaboración para la Regularización), de los dos lobbys más poderosos a ambos lados del Atlántico (Business Europe y US Chamber of Commerce) en el que se detallaban los pasos a dar y las medidas a tomar para la armonización entre Estados Unidos y Europa. Con el paso del tiempo parecía que este plan había sido arrinconado, pero debido a la contestación que está recibiendo el TTIP, de nuevo se empieza a habla de él. Y ¿qué dice? “Vamos a crear un Consejo de Colaboración para la Regularización entre la Unión Europea y Estados Unidos, independiente del TTIP, de momento, con la intención de ir elaborando una regulación coherente entre Europa y Estados Unidos, a través de los grupos de trabajo que irán relacionándose con los legisladores.”

En mi opinión, lo que esto quiere decir es que al no poder imponer el TTIP en su totalidad, un consejo de este tipo podrá ir adoptando medidas poco a poco, sin tener en cuenta a la ciudadanía y a los legisladores, dejando bien claro que este consejo se mantendrá vivo permanentemente, para ir realizando modificaciones sin fin, mientras la Unión Europea sigue alabando los beneficios del tratado. No sé, habrá que seguir de cerca los acontecimientos.

Para terminar; si nos rendimos ante la presión de las corporaciones, dejando el poder judicial (una parte importante de la democracia) en manos privadas, deberemos preguntarno qué es la Comisión Europea que ha firmado todo esto. ¿Creen que todo ésto es bueno, o no se atreven a hacer frente a Estados Unidos?¿Los dirigentes de los gobiernos que han firmado este acuerdo desconocen sus consecuencias? ¿Son necios o son fuerzas antidemocráticas a las que no les importa nada todo esto?

Este acuerdo es un asalto a la democracia, a la clase trabajadora, al medio ambiente, a la salud de la ciudadanía y al bienestar. La única respuesta posible ante este ataque es levantarse de la mesa, cerrar la puerta y dejar la silla vacía.

(Fuente: http://www.mrafundazioa.org/)

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