domingo, 1 de enero de 2017

LA RESPUESTA DE KUBRICK SOBRE SI LA VIDA MERECE LA PENA



En 1968 Playboy, la conocida revista para adultos, realizó una entrevista al entonces cuadragenario director Stanley Kubrick, aprovechando el impacto y la controversia que el estreno de su entonces reciente película 2001: Odisea en el espacio había provocado. Seguramente lo último que esperaba la publicación era una valiosa lección sobre filosofía y una sesuda reflexión sobre la existencia y su sentido. Su inolvidable respuesta a la pregunta "Si la vida carece de propósito, ¿sientes que vale la pena vivir?" fue la siguiente:

Sí, para aquellos que de alguna forma se las arreglan para hacer frente a nuestra mortalidad. La mismísima falta de sentido de la vida fuerza al hombre a crear su propio sentido. Los niños, por supuesto, comienzan la vida con una capacidad de asombro pura, pueden experimentar total alegría con cosas simples como el verdor de una hoja; pero al crecer se van dando cuenta de lo inevitable de la muerte y su envejecimiento comienza a afectar esa conciencia y súbitamente erradica su joie de vivre (o alegría por vivir), su idealismo y la asunción de su propia inmortalidad.

Cuando un niño madura, mira muerte y dolor a su alrededor y comienza a perder la fe, la mayor bondad en el humano. Pero si es razonablemente fuerte, y suertudo, puede emerger de este traspié del alma y renacer con nuevo impulso vital.

Gracias y a pesar de ser consciente del sinsentido de la vida, puede construir un fresco sentido afirmativo de su propósito. Tal vez nunca podrá reapropiarse de aquel sentido puro del asombro, pero puede moldear algo mucho más permanente y sustancial.

El hecho mas aterrorizante del universo no es que pueda ser hostil sino que es indiferente; pero si podemos confrontar esa indiferencia y aceptar los retos de la vida dentro de los límites de la muerte –sin importar en qué tan flexibles podamos convertirlos– nuestra existencia como especie puede encontrar un genuino sentido y realización. Sin importar qué tan vasta pueda ser la oscuridad, debemos proyectar nuestra propia luz.

(Visto en Pijamasurf)

1 comentario:

  1. Otra forma, no menos poética y visionaria de decir lo mismo, es de Antoine de Saint Exupéry al final de su "Tierra de hombres":
    "...Me senté frente a una pareja. Entre el hombre y la mujer, el niño, mal que bien, se había hecho un hueco y dormiría. Durante el sueño se dio la vuelta y, bajo la lamparilla, pude ver su rostro.
    ¡Ah! ¡Que criatura tan adorable! De los pesados harapos había nacido un logro de encanto y de gracia. Me incliné sobre esa frente lisa, sobre el tierno mohín de los labios, y me dije: he aquí un rostro de músico, he aquí a Mozart niño, he aquí una hermosa promesa de vida. Los principitos de las leyendas no eran diferentes a él: protegido, atendido, cultivado. ¡Qué no llegaría a ser! Cuando por mutación nace en los jardines una nueva rosa, todos los jardineros se conmueven. Se la aísla, se la cultiva, se la mima. Pero no hay jardinero para los hombres. Mozart niño también será transformado como los otros en la máquina de troquelar. Los logros más grandes que Mozart alcanzará serán los de una música deleznable en la fetidez de los cafetuchos. Mozart está condenado.
    Y regresé a mi vagón. Me dije: esa gente apenas sufre por su suerte. No es la caridad lo que me inquieta. No se trata de entretenerse frente a una herida que siempre vuelve a abrirse. Quienes la sufren no las sienten. Es más bien a la especie humana a la que se hiere aquí, a la que se perjudica. Apenas creo en la piedad. Lo que me atormenta no es esta miseria en la que, después de todo, uno se instala tan bien como en la pereza. Generaciones de orientales viven en la mugre y se complacen en ella. Lo que me angustia no lo curan los comedores de beneficencia. Lo que me atormenta no son estos huecos, ni estas jorobas, y esta fealdad. Es Mozart, un poco asesinado en cada uno de estos hombres.
    Sólo el Espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al Hombre."

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