sábado, 13 de mayo de 2017

"EL CÍRCULO", PROPAGANDA DEL N.W.O. BAJO LA APARIENCIA DE DENUNCIA




Salgo de ver "El círculo", último film pretendidamente crítico con el uso cada vez más invasivo de la tecnología con la sensación de que me la han colado de un modo innoble. La película, protagonizada por actores tan pretendidamente "concienciados" como Tom Hanks y Emma Watson, funciona en realidad como una perversa justificación de aquello que parece denunciar, constituyendo su guión un engranaje que funciona como esas "matrioskas" rusas en la que cada muñeca-carcasa guarda otra en su interior: podemos renunciar a averiguar qué hay en el siguiente nivel, pero "algo" escondido aguarda, siendo el cansancio o la dejadez a la hora de seguir explorando el interior uno -no el único ni el más efectivo- de los trucos de la retorcida manipulación a que se nos somete.

Su trama es en principio simple: Mae Holland, una joven inteligente que espera su gran oportunidad laboral es contratada por una empresa de servicios de Internet, el "Círculo" del título, liderada "a lo Steve Jobs" por el carismático Eamon Bailey, eficaz comunicador y visionario del nuevo mundo al que la hiper-tecnificación de nuestra realidad conduce. El Círculo ofrece servicios como la unificación de contraseñas o la transmisión en tiempo real de las experiencias de quienes deciden prestarse a esta conexión constante, pero ambiciona abiertamente ser el interface absoluto que medie entre cada ser humano y la realidad.

Lo que parecía ser un mero desempeño profesional acaba por ser para Mae una tela de araña que la apresa -amable, pero implacablemente- hasta la total vampirización de su vida: el Círculo acapara todo su tiempo y energías, organiza su vida social y su presencia en las redes y absorbe incluso su relación con sus padres, convertidos en beneficiarios de las prestaciones médicas que la empresa ofrece a su hija (resulta sintomático el -nada desinteresado- desvelo de la empresa moderna por mantenernos saludables y ofrecernos chequeos, seguros dentales, etc., que garantizan una larga expectativa de rentabilidad).

La película da justo lo contrario de lo que promete

Como ciertas empresas del mundo real que al lector fácilmente le vendrán a la mente, el Círculo ofrece confort y acaba por acaparar control, utilizando el deseo de comodidad de sus usuarios para convertirse en una parte irrenunciable de sus vidas, justo aquello que Internet, Whatsapp o la telefonía móvil han conseguido de nosotros al precio de la pérdida de espacios de privacidad que han hecho de la gente del siglo XXI intérpretes de un simulacro de vidas interesantes reforzadas por el reconocimiento que otorgan visitas, "likes" e interactividad constante. Ya no bastan los quince minutos de fama que prometía Warhol, sino que el "influencer" moderno se exhibe constantemente a sí mismo de un modo entre impúdico y anodino.


La inteligencia de la protagonista acaba, a falta de un dispositivo de almace-
namiento adecuado, en "la nube"

Esa es la elección que realiza Mae, a la que las señales de alarma que recibe en forma de pérdida de control de su vida, distanciamiento de sus padres (escarmentados por la intrusión "voyeurista" de miles de seguidores de la niñata en cuestión en su intimidad matrimonial) o caprichoso acoso a un amigo del pasado por decisión mayoritaria del público de uno de los "meetings" que protagoniza, con trágico resultado, no le sirven para darse cuenta de que ha vendido su alma al diablo de la accesibilidad "on line", siendo su alma el espacio personal e íntimo que todos -al menos, los que nos pretendemos psicológicamente sanos- salvaguardamos con pudor. La vida de Mae se convierte en una constante puesta en escena a la que tiene acceso todo el que quiere conectarse, carente de privacidad y anticipo de un "Gran Hermano" universal que ya no se limitará a los recluídos en una casa, sino que parece expandirse hasta abarcar todo el planeta como plató.

Cuidado con los charlatanes con taza

Los argumentos con que se presentan las "ventajas" de este panóptico resultan de un simplista que roza lo burdo: reflexiones totalitarias como "Si supierais que os observan, ¿os portaríais mejor que si estuvierais solos?” o “Saber es bueno, pero saberlo todo es mejor” revelan el afán de control total de la pesadilla diseñada por Bailey a la que la nueva empleada busca contribuir con una mezcla de voluntarismo y de afán de superación ... en la estulticia.

Buena muestra de ello es el contraste entre su escapada en busca de intimidad a remar en su piragua en el primer tercio de la película y su bonachón saludo a los drones que la rodean en su último paseo acuático en el desenlace: como la sarna, acoso con gusto no pica. Lo que antes era una intrusión al final se convierte en compañía, exposición pública asumida y aceptación de lemas como "La privacidad es un robo" o "los secretos son mentiras", que el maquiavélico Bailey escupe con tino de vendedor de humo a su embelesada audiencia de supuestos talentos de Silicon Valley orgullosos de haberle -y de haberse- conocido. Lo que ocurre entre medias rebaja el nivel de crítica del argumento al "thriller" empresarial más obvio, con una Mae que en vez de recuperar su privacidad asume que la solución a la intrusión puntual es la intrusión total, y que da al líder tramposo una ración de su propia medicina al exponerlo a la transparencia absoluta a la que empuja a los demás.

Portada de la novela que este film adapta
Entre medias encontramos justificaciones al chipeado de los niños, "brainstormings" de gente que ha perdido el sentido del respeto al prójimo en su ambición por abarcar prestaciones y servicios aún exclusivas de los gobiernos, odas a la transparencia hechas por gente absolutamente opaca y situaciones que a veces producen bochorno y otras escalofríos, como el contemplar al socio original del proyecto totalizador de El Círculo vagar como Dante por los círculos del infierno del campus de la empresa que contribuyó a crear -aunque no la creó "para esto"- y que es tolerado por el nulo riesgo que supone su condición de disidente: ni siquiera se le retira el acceso a las áreas reservadas del recinto.

La conversión de la protagonista en una nueva versión de Bailey consuma una deriva argumental en la que la denuncia de la distopía tecnológica da lugar a su injustificada aceptación. Al final nos encontramos con algo bastante parecido a ver la magnífica "El show de Truman" contada al revés: la reclusión en un "reality show" de dimensiones planetarias de un personaje que ha experimentado la libertad, la privacidad y un confortable anonimato, y donde se nos propone que posibilitar la vigilancia de todos por parte de todos es poco menos que el ideal de futuro al que todos deberíamos aspirar.

(posesodegerasa)

3 comentarios:

  1. la tecnología no es mala si se usa semanera sabia, como informar y aumentar el despertar humano como tu lo usas para informar, sin embargo esta mal que los gobiernos utilizen la tecnologia para controlar y censurar

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  2. La pregunta que se hacían en el informe pelícano, quien gana con todo esto, pues sabrás quién está detrás de todo esto.
    Gracias por toda la info que publicas, estupendo trabajo.

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    1. Muchas gracias por tu reconocimiento. Un saludo.

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