martes, 16 de mayo de 2017

MUNDO ORWELL: NETFLIX CENSURA LA EXPLICACIÓN DE CÓMO LOS CROMOSOMAS DEFINEN EL SEXO


Explicar la verdad biológica se ha convertido en un crimen contra los perpétuamen-
te ofendidos. Ahora la naturaleza es machista, homófoba y opresora. 

La realidad, una vez más, corrobora lo profetizado por George Orwell en su distopía "1984", en la que se describía cómo un insidioso "Ministerio de la Verdad" reescribía una y otra vez los registros escritos del pasado para adecuarlos a la propaganda -los intereses- del Estado. Es exactamente el proceder de la cadena Netflix, al eliminar de un programa divulgativo la explicación científica de la determinación del sexo para no contradecir con ello a la omnipresente "ideología de género".

Al parecer, la contrastada y obvia verdad científica debe guardar silencio, inclinar la cabeza y retirarse de escena cuando contradice los dogmas morales del momento. 

La historia es vieja, pues ya Galileo fue víctima de este proceder inquisitorial heredado hoy por los talibanes de la corrección política, que llaman a su desaforada pasión por la censura "progreso". 

Por supuesto, analizar, contradecir o discutir aquello que les molesta queda descartado de raíz. Para eso tendrían que esforzarse en adquirir conocimientos en campos tan exigentes como la biología o la lógica. Y aquí se trata, sencillamente, de tener poder de coacción, no de convicción.

La última víctima de la post-censura ha sido el programa clásico del científico televisivo Bill Nye, que ha visto cómo la cadena Netflix ha cortado y eliminado 90 segundos de un episodio antiguo en el que se explicaba cómo los cromosomas determinan el sexo de cada persona.

En la versión original, fuera de Netflix, se puede ver dicha sencilla explicación, que ahora parece ser ofensiva. En el vídeo, más abajo, se puede comprobar:



La cadena no ha explicado el motivo real ni el oficial sobre esta sorprendente censura, pero casualmente ha coincidido un nuevo programa del propio Bill Nye, que ahora tiene un espacio en Netflix, sobre la diversidad sexual en el que, aparentemente para congraciarse con los adalides de "la ignorancia imaginación al poder", defiende un anticientífico "derecho" a elegir entre un variado número de sexos sin explicar dónde están los gametos que no son de varón ni de mujer y que darían realidad cromosómica a lo que de momento solo parece una negación de la realidad.

Lo anterior es solo una muestra de cómo la sumisión a los dictados de los ofendidos profesionales -que ejemplifican la advertencia de Quignard de que "si usted quiere oprimir a alguien, debe empezar por proclamarse víctima"- ha generado una forma de censura que se proyecta retrospectivamente en la cultura de la que somos herederos. Esta neobarbarie alcanza también a la literatura más progresista del pasado.

Así, el reproducir el lenguaje del pasado les ha valido a algunos clásicos más de alguna post-censura. Muchos alegan sentirse ofendidos por términos despectivos como ‘nigger’ (negrata) mientras que otros defienden que para entender el contexto de la época y mantener la esencia del libro hay que mantener el lenguaje original, que, evidentemente, era racista.

Por poner algunos ejemplos, en EEUU los clásicos ‘Matar a un ruiseñor’ de Harper Lee y ‘Las aventuras de Huckleberry Finn’ de Mark Twain fueron prohibidas en algunos colegios del estado de Virginia tras las protestas de madre que consideraba que se utilizaban en esos libros un lenguaje ofensivo. Que ese lenguaje sea el utilizado por los villanos y que dichas obras constituyan dos alegatos en pro de la integración racial, de los derechos de las minorías sometidas y que den voz, dignidad y -por usar el término en boga- "visibilidad" a los afroamericanos no parece justificar el proceder de sus otrora respetados autores.

"Matar a un ruiseñor" (imagen de la extraordinaria adaptación cinematográfi-
ca dirigida por Robert Mulligan en 1962), premio Pulitzer de literatura y una
de las mejores novelas norteamericanas tampoco ha escapado a la post-censura.
Al parecer, lo terrible no fue el racismo del pasado. Lo terrible es contarlo.

En Suecia, Jan Lööf, autor del cuento Mi abuelo es pirata, que escribió en 1966 y que ha sido uno de los cuentos más vendidos del país durante años -incluso lo llegó a regalar McDonalds con su menú infantil- se vio obligado a reescribir su obra su quería que la volviesen a editar. O el pirata malo dejaba de ser musulmán, o ya podía despedirse de vender más libros.


Los Cinco también han visto cómo los años han convertido una visita a una iglesia por una visita al mercado -no se especifica si vegetariano o no- en su aventura Los Cinco junto al mar.

Lo mismo le ocurre a El pobre Blas, que ahora resulta que nunca hizo la Primera Comunión (se han eliminado esos capítulos) o al mismísimo Hergé, que no ha llegado a ver que el misionero católico que acompañaba a ‘Jo, Zette y Jocko en Destino Nueva York’, se ha convertido en un etnólogo con el paso de los años.


(Fuente: http://www.actuall.com/)

4 comentarios:

  1. otra microcausa

    La gilipollez no para Estas cosas a cientificas no triunfaria si no hubiera gilipollas aleccionados en la escuela para ejercer de gilipollas a cuerpo completo

    Esta via es fecunda porque dentro de poco se les dira que pueden convertirse en tigres leones o pajaros o cualquier cosa y se les operará para qeu lo parezcan y se les implantaran colmillos y plumas y lo que sea menester ....




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  2. Lo que no entiendo es por qué nos empeñamos en enseñar cuentos infantiles de otra época. ¿Acaso nadie ha escrito desde entonces algo de calidad adaptado a una sociedad distinta? No me parece bien que se manipule la historia original, pero tampoco veo necesario tener que leer los mismos cuentos que leyó mi padre.

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    1. Usted se pregunta si no se ha escrito nada de calidad después de los clásicos imperecederos y quizás ése es el problema, que vivimos en un tiempo en el que ha triunfado la dictadura de la mediocridad, lo grosero y el mal gusto.
      Sólo hay que echar un vistazo a los programas de tv y la música que triunfan, o la mayoría de las películas que se estrenan, trufadas de violencia gratuita.
      ¿Dónde están los mozarts, los shakespeare o los cervantes de nuestros días?. ¿Por qué no surgen genios en la misma proporción que en el pasado?.
      ¿Será que el sistema está contribuyendo a degenerar a los seres humanos, con un sistema educativo que boicotea el talento?.

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  3. Copérnico topó con la iglesia católica, la biología, con la ideología de genero.
    Lo sorprendente es la cantidad de borregos que hay dispuestos a comulgar con ruedas de molino.
    La estupidez humana no conoce límite.

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