jueves, 8 de marzo de 2018

LA GRAN ESTAFA DE LA "IGUALDAD"



Manuel es un estudiante universitario español de 19 años. El pasado curso, su escuela concedió cinco becas para cursar el tercer año de grado en una prestigiosa universidad norteamericana. Ganarían el pasaje quienes obtuvieran las mejores calificaciones. La ilusionante perspectiva le impulsó a cambiar de hábitos: restringió las salidas con los amigos, redujo el tiempo dedicado a sus aficiones y se impuso una férrea disciplina de estudio para obtener las mejores puntuaciones posibles.

Con mucho esfuerzo, mejoró en todas las materias. Y finalmente, antes de que se publicara la lista definitiva, le dieron la buena nueva: sus puntuaciones le permitirían ser uno de los cinco afortunados. No sólo había conseguido sus propósitos; ahora se sentía orgulloso y seguro de sí mismo. Había comprobado que el esfuerzo tenía recompensa … o al menos eso creía.

Pero, cuando llegó el gran día, su nombre no estaba en la lista definitiva. Su alegría se transformó en angustia; y después, cuando comprobó que no se trataba de un error, en desolación. ¿Qué había ocurrido? Tras algunas pesquisas, lo averiguó. La escuela había elevado las puntuaciones, hasta el punto de superar las suyas, a una compañera que, inicialmente, tenía calificaciones muy inferiores. La política de discriminación positiva de la universidad era primar a las mujeres porque eran muy escasas en esa especialidad. Así que Manuel se quedó compuesto y sin estancia en la universidad de sus sueños.

Unas reglas imprevisibles

Manuel no proviene de una familia pudiente, ni mucho menos. Desde los nueve años hasta los 19, es decir, más de la mitad de su vida, ha vivido bajo la sombra de una crisis económica que, según los expertos, ha sido la peor desde la Gran Depresión. Tuvo que aprender a valerse por sí mismo, a confiar en sus propias fuerzas, a asumir que todo aquello que no hiciera por mejorar su situación, nadie lo haría por él.

Sin embargo, la mala experiencia de la beca lo desorientó por completo. Perdió buena parte de la confianza en sí mismo. Sintió que no tenía control sobre su vida, que las reglas del juego se habían vuelto imprevisibles y, sobre todo, injustas. Ya no era suficiente esforzarse, necesitaba además pertenecer a un grupo en el que jamás podría entrar. Hoy sigue siendo un joven esforzado, qué remedio, pero el cinismo y la inseguridad han anidado en su carácter.

Así son las cosas en el mundo de Manuel, donde las “políticas de igualdad” parecen diseñadas para expulsarle. Para él y muchos otros como él ya no rige la objetiva igualdad de oportunidades, ni siquiera la mucho menos deseable igualdad de resultados, sino un concepto todavía peor. La palabra “igualdad” ha pasado por la trituradora de la posmodernidad para convertirse en un nuevo escombro de la orwelliana neolengua actual.

Sus padres le enseñaron que el esfuerzo tenía recompensa, aun sabedores de que cada vez era menos cierto. No quisieron educar a Manuel en el cinismo sino en un ideal: en la igualdad de oportunidades, aquella que considera al individuo, y no al colectivo, la unidad básica de la sociedad. Un principio fundamental para el que el mérito y el esfuerzo, nunca el grupo al que uno pertenece, son las palancas de la prosperidad.

Sin embargo, para que la igualdad de oportunidades arraigue, las estructuras sociales deben permitir, incluso garantizar, la libertad del individuo para alcanzar sus propios fines; nunca establecer trabas artificiales ni otorgar ventajas o privilegios. Todas las personas deben ser iguales ante la ley; y las normas, neutrales. Las metas alcanzadas por cada cual dependerán de su capacidad y sus recursos, pero también de sus decisiones, su esfuerzo y voluntad. En definitiva, cada uno llegará hasta donde quiera… dentro de lo que sus capacidades le permitan.

La “igualdad”, de mal en peor

Frente a este enfoque, se contrapuso primero el principio de igualdad de resultados, típico del pensamiento socialista, en la que todos los miembros de la sociedad deberían alcanzar las mismas metas, gozar de los mismos resultados y, por tanto, obtener un pedazo de la tarta equivalente. Nadie podría tener más que los demás, lo mereciera o no.

Pero en esa obsesión por dividir a la sociedad en colectivos e identificar discriminaciones por doquier, el universo de la corrección política instauró lo que el sociólogo norteamericano Daniel Bell llamó la igualdad como “representación”. Es decir, la pretendida igualdad sólo se alcanzaría cuando los diversos colectivos estuvieran representados de manera proporcional. Así, si las mujeres son la mitad de la población, la igualdad requeriría imponer cuotas para que el gobierno, el parlamento, las universidades, la dirección de las corporaciones…, tengan justo el 50% de mujeres. Y lo mismo se aplicaría a otros grupos por cuestiones raciales, por orientación sexual, o por cualquier otra característica que permita fragmentar la población.

Ocurre, sin embargo, que la igualdad como representación es completamente incoherente con los principios que dice defender. Sus instrumentos, la llamada discriminación positiva, o las cuotas sexuales o raciales, inicialmente planteadas para combatir la desigualdad, para compensar un supuesto privilegio de algún grupo, establecen como condición indispensable la pertenencia a un colectivo para acceder a un determinado puesto o cargo. No son otra cosa que la vieja discriminación de siempre, envuelta en celofán y atada con un lazo.

Pero sus consecuencias son todavía peores: el individuo pierde significado, su personalidad resulta irrelevante: solo cuentan los grupos. Se ve privado de su humanidad, de su Yo. No es tratado como persona sino como un conjunto de atributos conferidos por su pertenencia a determinados colectivos: unos le favorecerán y otros le perjudicarán, según se trate de “grupos víctima” o “grupos verdugo”.

Este nuevo concepto de igualdad favorece a los líderes, a los activistas de los colectivos que consiguen la calificación de “víctimas”. Beneficia a quienes logran colocarse como “representantes”, gozando de las ventajas y privilegios del puesto, sin los méritos suficientes. Pero no a las “representadas”, que a cambio no reciben más que un espejismo. Una mujer con pocos estudios, que no encuentra empleo, obtiene poco consuelo sólo por saber que en su gobierno hay el mismo número de ministros que de ministras. Y, por supuesto, perjudica a aquellos que por ser hombres se ven relegados, aun teniendo méritos sobrados.

Un poder mitológico

Manuel nunca se interesó por las polémicas políticas, pero ahora, cada vez que alguien pronuncia el discurso del patriarcado, del privilegio masculino, siente una profunda irritación. Y no sólo él. Otros muchos jóvenes, pertenecientes a esta nueva sociedad, donde la “igualdad” se ha convertido en una trampa, van tomando conciencia de que algo huele a podrido. Que han sido adscritos a un grupo sacrificable en beneficio de un incongruente concepto de progreso. Han crecido escuchando historias sobre el enorme “poder” que emana de su condición de varón pero, para ellos, se trata de un poder mitológico que jamás han podido ejercer. Por el contrario, sienten que el verdadero poder, el político, les estigmatiza y castiga por una especie de pecado original.

Decía Paglia que aquello a lo que las feministas llaman patriarcado es simplemente civilización, un sistema abstracto diseñado por hombres, pero aumentado y ahora copropiedad de las mujeres. Hoy, como un gran templo, la civilización es una estructura de género neutral que todos deberían respetar. Sin embargo, cuando Paglia añade que “quienes hablan de patriarcado se autoexilian en chozas de paja”, quizá se equivoque. A estos monotemáticos personajes, el mito del patriarcado les resulta muy rentable, les permite prosperar y adquirir una relevancia inmerecida. A quienes condenan a vivir en chozas de paja es a personas como Manuel.

Aunque sea políticamente incorrecto … o quizá precisamente por ello es necesario decirlo con todas las palabras: no existe el privilegio por nacer hombre, ni por pertenecer a colectivo alguno. Nuestra sociedad debe restaurar la verdadera igualdad, la que no contempla discriminación por ninguna circunstancia, restituir la igualdad de oportunidades, la igualdad ante la ley.

Las cuotas, la discriminación positiva, las leyes asimétricas no son más que intentos de dividir a la sociedad, sembrar cizaña, otorgar privilegios, crear enfrentamientos, romper la igualdad de derechos. Por supuesto, siempre en beneficio de unos pocos… llámense activistas, expertos, políticos o simplemente arribistas. En su ceguera, o su egoísmo, a estos personajes les importan muy poco esos jóvenes, sean chicos o chicas, que todavía están dispuestos a esforzarse para lograr un futuro mejor.

(Visto en https://disidentia.com/)

9 comentarios:

  1. Hoy la primera "huelga general" institucional femilista desde Franco ,sera un exito total...solo hay que ver toda la propaganda a favor que le estan haciendo todos los prostibulos mediaticos del reino...lazitos rosa en los autobuses publícos...anuncio de posibles cortes de transmisión en el canal Cuatro...niños y niñas pijo-progres en toda las tertulias de los mass-mierdas españoles haciendo apología de la nueva religión femilista y sus infantiles consignas...en fin que mas queremos con toda esta cuadrilla política nacional y sus neo partidos y neo sindicatos ayudando a sus amos y señores del capital patrio a distraer atenciones y de paso a fomentar otra secta de privilegiados, horteros y horteras, para que se constituyan como representantes y representantas de las pobres victimitas, chupen del frasco del estado y tener otro club de holgazanes y holgazanas viviendo del cuento y tomandole el pelo a miembros y miembras de la sociedad civil,nada como prometer la Luna para que todo siga igual y nadie custione al regimen hediondo y pestilente que tenemos que aguantar unos y otras.

    Que parecidos son el victimismo femilista y el victimismo nazionalista catalan,con lazito incluido ,parece ser que el guion de la pelicula los firma el mismo autor.¿por que sera?

    P.D. el recochineo con "los" y "las" es para demostrar la ridiculez, chavacanería, vulgaridad y mediocridad de los politicos y políticas de este puto país.

    Además me gustaría hacer un recordatorio a la figura de Antonio Garcia Trevijano muerto ayer uno de nuestros grandes pensadores y quizas el ultimo gran idealista de nuestro pais y posiblemente también de la Europa Occidental, mucho mas a la izquierda en muchos de sus planteamientos que todos los niñatos niñatas pijo-progres del Club de Gargamel y su gato de Potemos-Unidos y del economista "socialista" amigo de banqueros del otro partido de "izquierdas", cuya ideologia ni es socialista ni comunista, solo es la de politicas identitarias y de bragueta(identity politics)importadas desde el imperio al servicio de las elites para crear panico y disgregacion social y ayudar definitivamente a hacer desaparecer cualquier esperanza de que un mundo mejor sea posible, Trevijano al menos si que cuestionaba este sistema politico de España,sin embargo esos que levantan el puño y que se definen de "izquierdas" y que solo son el producto de unas "vainas" salidas de la película "la invasión de los ultras-cuerpos" que los han suplantado, nunca lo han cuestionado ni lo cuestionaran, solo chupan y maman de la teta del regímen y para los parados, excluidos y los que estan viviendo en la pobreza pese a trabajar como esclavos,solo palabritas del niño Jesus para comprar votos y a la hora de la verdad, "que les den por el culo", que es lo que hacen siempre.

    saludos.

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  2. Cuando se muestrea por cuotas es que son desiguales.
    Igualdad de oportunidades no quiere decir que los oportunistas sean iguales.
    Las cuotas también perjudican a las mujeres, conozco algún caso.
    Ya vereis cuando apliquen la igualdad a las corales... se van a quedar en escolanías

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  3. Asúmelo, Poseso, tu bitácora se ha transformado en un escaparate para las tesis machistas y sexistas más ráncias. Y a las entradas diárias me remito.
    Qué vergüenza en alguien que se considera despierto! Hoy mismo me desinscribo.
    https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2018-03-08/mujeres-no-feministas-8-marzo-carta_1531062/

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    1. Es tu derecho, y se que es el riesgo que corro al definirme sobre cuestiones problemáticas, solo que todavía no se qué machismo ni sexismo hay en contestar las tesis tramposas e interesadas del poder establecido. Puedes desinscrirte o puedes contestar con argumentos y datos lo que voy publicando aquí, no censuro ningún comentario que se exprese educadamente. Pero si la denuncia constante que hago del sometimiento de la mujer en Arabia Saudí, del trabajo esclavo -mayoritariamente femenino- del tercer mundo del que se benefician las empresas occidentales o de la castradora ideología de género no te parecen un posicionamiento bien claro sobre problemas REALES, tal vez sea porque la advertencia que puedes leer a la derecha, encima de los enlaces, va dirigida a lectores como tú.

      Un saludo.

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    2. Hay gente que aún no se ha dado cuenta que la mujer y el hombre no son iguales.Por eso se dan desigualdades entre ellos.

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  4. Tao, por eso este es un blog alternativo,con el que podras o no estar de acuerdo, porque no repite los mantras oficiales. Y su gran virtud es que se le nota la actitud de busqueda de Verdad y justamente por eso no coincidira en general con lo politicamente correcto.

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  5. En los grupos no seleccionados siempre hay más diferencia entre los miembros del grupo que entre los grupos.
    Hoy he tenido que apagar la tele... todo el día con lo mismo (todos me intentan coser una imagen). Al menos los que ven telebasura ya lo saben.

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  6. Hola posederasa, no pasa nada, en mis blogs de antaño me pasaba lo mismo, las personas no debaten nunca con argumentos, lo hacen desde las entrañas o muchos son mendigos mentales, debatir y hacerles ver a los algunos hemos llegado es una tarea inútil a mi entender, yo saque la conclusión de que no tienen porque pensar como mi información pretendía, supongo que tu tampoco, las personas que estamos en este tipo de medios somos personas que buscamos todo tipo de información, ya sea por los mas-mierdas o por paginas alternativas, de todo se debe aprender, leer a mucho investigadores y luego sacar nuestras propias conclusiones.
    No se buscas seguidores, ni mucho menos, allá cada cual, pero si personas que agradezcan los esfuerzos que se requiere para buscar y traducir muchas veces las paginas encontradas, como siempre digo, a nadie se le obliga a entrar en estos medios, así que no se molesten en ofender, si esos hombres que ahora se llaman "feministas" se molestaran quienes están detrás de este "movimiento", se darían cuenta que todos somos esclavos de un sistema el cual nos esclavizan a ambos sexos, quieren ser como nosotros, y como somos nosotros si no esclavos de un sistema corrupto y manipulador?
    No sería mejor unirnos todos para erradicar este sistema y no luchar entre grupos sociales?
    Dejar de verdad de ser esclavos para ser personas libres? De verdad tu mujer quieres hacer lo que yo hago desde los 18 años hasta los 67 metido en una nave haciendo tubos de gasolina por unos putos 1200 euros? De verdad me consideras mejor que tu por ello?
    De verdad eso es un privilegio masculino y patriarcal?
    Tu mujer eres gilipollas si dices que si, y tu hombre "feminista", eres igual de gilipollas si dices que si y además pagafantas, porque defiendes ese movimiento para que no te diga que no en la cama.
    Un saludo.

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    1. Las manifestaciones tienen su interés social...
      Me parece buena la clasificación de Carlo M. Cipolla: incautos, inteligentes, malos y estúpidos; siendo los últimos los peores.
      Yo añadiría que todos podemos estar en una clase en un momento dado... por eso siempre hay más de lo que se espera.

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